PostHeaderIcon Excursión por la Sierra de Urbasa

La ciudad de Estella es la más cercana a Urbasa, y allí paramos para hacer una visita guiada por las maravillas culturales de la zona. Vimos la Iglesia de San Pedro de la Rúa, que tiene una vidriera del siglo XIV, y muchas columnas, capiteles y demás inventos transgénicos de distintos siglos (a partir del XII).

Pues na, conforme llegamos a la Sierra de Urbasa, estaba todo lleno de niebla. Hayas enormes nos cubrían a ambos lados de la carretera, y a sus pies, piedras llenas de musgo, líquenes, y helechos. Apenas se veía a 5 metros delante del coche.

Llegamos al camping, que está situado en un lugar bucólico. La Sierra de Urbasa está situada en una meseta. Toda la meseta es un bosque inmenso de hayas, salvo una vasta zona que ha sido deforestada para que pasten los animales. Hay vacas, ovejas y caballos. Uno de los días, volviendo con el coche, Pepe vio a un caballo sentado en una mesa (yo no lo vi, pero por la loca, extravagante, y sincera risa histérica de mi colega, no dudo de que así fue). Bueno, íbamos por el camping. La noche que llegamos estaba en medio de la niebla. Nos alojamos en el albergue de montañeros. Y bueno, hice la primera posetada. Yo estaba traumatizado de los precios abusivos que tuvimos el año pasado en Navarra (en Otxagavía). Asín que me llevé comida para toda la semana. Llegamos al camping a la hora de la cena: cogí mi hornillo, cogí un sobre de sopa, hice picatostes (pimientos, cebolla, tomate y pan frito) y la lié en algo que yo creía que era parte del albergue, y que en realidad era un pedazo de restaurante. La verdad es que pedí permiso, pero aún ansín fue pa flipar en colores (como el cambio de color de la cara de Pepepótamo cuando me vio liarla así. Sí…sí…la vergüenza ajena existe y es mu mala).

Al día siguiente, bajamos a un pueblo llamado Baquedano, desde donde parte el sendero que lleva al nacimiento del río Urederra. El río nace en mitad de un circo de piedra llamado “El balcón de Pilatos”. Todo el camino es ascendente, y el río está lleno de pozas, cascadas, gradas, etc…Es un sitio precioso. Por cierto, debajo mesmo del nacimiento, algún espabilao había (CENSURADO).

El segundo día también amaneció con niebla y nubes. Partimos a través del hayedo de Urbasa hacia el Balcón de Pilatos. Caminar por en medio de un bosque lleno de niebla es la FUCKING OOSTIA. Después del bosque, atravesamos “El Raso de Urbasa” (una enorme zona de pasto que hay en la meseta para los animales. Se ha hecho así, deforestando la zona). Comimos en el balcón. Pudimos observar un buen montón de buitres que despegaban unos metros delante nuestro buscando su comida. De hecho, me traje una pluma de buitre. En vez de desandar lo andado, volvimos por otro sitio transformando el recorrido en circular. Total: 20 kilómetros. Llegamos al albergue, cenamos y me fui directo a dormir. Me levanté descansado, pero Pepepótamo no había pegado ojo en toda la noche. Había tenido diarreas varias, y estaba hecho polvo. Suponemos que pilló una gastroenteritis (o sea, que estaba fastidiao to entero él). Quizá fue el agua de la zona, pues se enjuagó la boca con el agua del Urederra. O quizá le picó un mosquito. La comida no pudo ser porque comimos lo mismo. Yo opino que se trató de algo vírico, pues más gente de la zona estaba enferma o bien esos días o bien recientemente. En cualquier caso, se acabó el viaje para Pepe, que quedó fuera de combate hasta que nos volvimos tres días después.

Ese tercer día lo tomé de recuperación, y me pegué un pateo corto de 6 Km. pa mantener la forma física lograda los dos días anteriores. Comí debajo de un haya, en un prado lleno de hierba y helechos, pero me volví pronto pues la conciencia me decía que me había dejado a mi colega sólo y to tirao.

El cuarto día, y viendo que la situación del enfermo estaba controlada, me fui a dar un “paseo”. Había pensado patear hasta la única altura de la zona “Otxaportillo” y volver por lo andado. Pero por el camino la lié. Estaba llegando a Otxaportillo, y me encontraba muy fuerte físicamente. Iba por la pista forestal bajando un repecho cuando oí un ruido tremebundo detrás de mí. Pensé: un camión, girémonos y veamos por dónde viene y hacia qué lado del camino me tiro pa salvar la vida. Me giré, y aluciné cuando un ciclista en una bici de montaña pasaba a mi lado con las ruedas casi en el aire. El tipo debía ir a unos 30 kilómetros por hora sobre una pista forestal con unos pedrolos del tamaño del Miguelete. Flipé en colores, saludé…e increíblemente el tipo con la bici en el aire soltó una mano y me saludó. Yo pensé: este es vasco…seguro, seguro…vasco profundo…que hay que ser animal. Como me sentía con fuerzas empecé a pensar en seguir andando hasta “El Balcón de Pilatos”, y después volver por la carretera haciendo un pateo circular. Calculé que serían más de 20 kilómetros, pero sin saber exactamente cuántos. Seguí pateando, y al kilómetro me encontré al ciclista parado. No sé quién habló primero, pero el caso es que iniciamos una conversación. El tipo conocía la zona. Me dijo que la vuelta que iba a hacer sumaba 30 kilómetros. Me comentó que a mitad de la carretera había un bar conocido en la zona como “El chiringuito” donde aprovisionarme. Yo sabía lo que quería preguntarle: ¿de dónde eres? De Guipúzcoa. Si es que no podía ser de otra forma. Nos despedimos, aunque me lo crucé unos kilómetros más adelante. Caminé por la pista, con un bosque que te cagas de bonito rodeándome hasta que llegué al balcón (debía llevar unos 22 kilómetros). Apenas tenía hambre, pero decidí parar a descansar. Me tumbé, apoyé la cabeza en la mochila, y me puse el gorro pa hacerme sombra. Llevaba así cinco minutos cuando una sombra me ocultó el sol. Pensé: Joder, se tenía que nublar. Miré hacia arriba, y…FLIPÉ EN COLORES¡¡¡¡ Tenía una docena de buitres dando vueltas sobre mí, dispuestos a pegarse un festín con mi persona. Obviamente, salí de allí por patas en menos que come un posete. Y entonces empezó la parte mala del “paseo”: llegué a la carreterra. 8 kilómetros bajo un sol abrasador de montaña. Me bebí en dos kilómetros, la misma cantidad de agua y acuarius que había consumido en los 22 anteriores. Llegué como pude al chiringuito. Me hidraté a base de bien, y, también como pude hice los kilómetros que me quedaban hasta el camping. Los días anteriores había estado nublado y no había hecho calor, pero ese día fue la ostia. Bueno, 30 kilómetros en 7 horas. No está mal. Y el enfermo había salido con el coche a buscarme por Otxaportillo. Y claro, yo no estaba por allí. ¿Qué habrá hecho Andrés? Y claro, cuando nos vimos casi se cae de culo.

El domingo nos volvimos a Valencia, no sin antes visitar el Monasterio de Iranzu (por dentro), y ver por fuera el Monasterio de Irache (por allí pasa el Camino de Santiago, y hay una fuente de vino…sí sí…de vino).

Bueno, ya me he extendido bastante.

Un saludo, y contadme vuestras andanzas (pero si sois tan extensos como yo, montamos un periódico).

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